Cuando nos ofendemos

Nos ofendemos con facilidad, es fácil que alguien diga o haga algo que nos haga sentir mal y nos ofendamos.

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Si alguien como tu jefe, con una posición de autoridad sobre ti te ofende en público, tus sentimientos de ira y humillación pueden ser muy intensos. Incluso mucho después de que se haya producido la ofensa. Esta ofensa no tiene que ser directa ni malintencionada, basta con que te ninguneen o no cuenten contigo y solo con eso sentirte ofendido. El entorno familiar también es propenso a este tipo de ofensas, cuántas veces hemos visto discusiones familiares por actos no intencionados o simples malentendidos y que decir de uno de los lugares donde nos ofendemos con más facilidad, conduciendo un vehículo, donde también se da muy a menudo la ofensa directa: El insulto.

A la hora de poner en práctica una filosofía de vida para conseguir una buena vida, una de las cosas que más nos afectan y previenen que consigamos los objetivos de esa filosofía son las ofensas, y es que ofenderse es algo negativo que atenta contra nuestra tranquilidad. Hay multitud de estrategias que pueden desarrollarse para que un insulto directo no nos ofenda. La más básica y quizás más importante es realizar una pausa. Lo que se denomina suspender el juicio y dejar que el tiempo actué a nuestro favor. Durante esa pausa hay que considerar si lo que nos dice el agresor es cierto, si yo estoy calvo o soy peludo o tengo sobrepeso y lo que el agresor nos dice es cierto, ¿porque hemos de considerar un insulto aquello que es evidente? mejor que nos lo tomemos con humor. Esta pausa también puede servir para considerar lo bien o lo mal informando que está la persona que nos insulta, puede que esa persona nos diga algo malo porque piensa que lo que está diciendo es cierto, lo mismo no intenta herirnos, Puede que simplemente nos esté dando su punto de vista. Mas que enfadarnos con esta persona por su honestidad, deberiamos discutir con ella calmadamente. Por último, durante esa pausa podemos llegar a la conclusión de que la persona que nos insulta no dice nada cierto sobre nosotros y solo pretende ofendernos, debemos recordar en esta situación que el mayor de los insultos es la indiferencia y actuar en consecuencia.

El emperador Marco Aurelio escribió en sus meditaciones que si eliminas tu opinión sobre una ofensa, eliminas la queja y por lo tanto la ofensa habrá desaparecido.

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