La felicidad, según Solón.

Creso, recibiendo tributos.

Creso fue un rey de Lidia, un país que ocupaba gran parte de la actual Turquía, fue considerado el hombre más rico de su tiempo. Cuenta el historiador Heródoto que le visitó Solón, el legislador griego, en un viaje turístico que realizó el griego después de haber promulgado sus leyes en Atenas, Solón era también un poeta guerrero reconocido por su dignidad, humildad, valor, sabiduría, inteligencia y una elevada moral, podría decirse que Solón era un gran sabio. Creso le hospedó en su palacio y varios días después de su llegada le mostró la cámara del tesoro y lo magnífico y copioso que era todo lo que le rodeaba, buscaba el reconocimiento de una persona tan sabia e ilustre como Solón y le preguntó al Ateniense si en su vida había conocido al hombre más dichoso y feliz del mundo esperando que el griego le adulara, pero Solón le respondió citando a un hombre que habiendo llevado una vida noble murió en el campo de batalla. Creso insistió en conocer a otras personas a las que Solón consideraba felices y este siguió citando a personas fallecidas que habían tenido una vida heroica según su estándar. Creso se indignó y enfureció y le preguntó directamente porque no consideraba a su reino y a su persona una persona feliz con todas las riquezas y el esplendor que le rodeaban. Solón le replicó: “Creso, en el largo tiempo de una vida, uno tiene ocasión de ver muchas cosas que no quisiera y de padecer también muchas otras. No hay un solo día que conlleve situaciones totalmente semejantes a las de otro día cualquiera. Por lo tanto, Creso, el hombre es pura contingencia. Bien veo que tu eres sumamente rico y rey de muchos súbditos, pero no puedo responderte todavía a la pregunta que me hacías, sin saber antes que has terminado felizmente tu existencia, pues en realidad la divinidad ha permitido a muchos contemplar la felicidad y, luego, los ha apartado radicalmente de ella”. Un equivalente moderno podría ser expresado con el refrán: “Hasta el rabo, todo es toro”.

Esta historia de Heródoto no es más que una leyenda, ya que cronológicamente es imposible que estos dos hombres se encontraran en el mismo lugar. Pero la moraleja es más importante: Solón era lo suficientemente sabio como para entender que lo que te ha llegado por pura suerte puede desaparecer de la misma manera, y a veces, súbitamente, en cambio, las cosas que nosotros mismos nos proporcionamos sin la diosa fortuna de por medio son más difíciles de perder debido a un golpe de mala suerte, la felicidad por tanto, no está proporcionada por la suerte, la buena fortuna es simplemente preferible a la mala fortuna, pero al final, uno no es más feliz que otro por haber nacido rico.

La historia de Creso no acabó muy bien, primero perdió a su primogénito en un accidente de caza y después intentó conquistar Persia junto a una gran alianza y fue derrotado por Ciro, el rey Persa, que le apresó y a punto estuvo de ser quemado vivo cuando Creso en su última plegaria dijo algo como: “Solón, tenías razón”. Ciro sintió curiosidad por esa extraña plegaria y Creso le contó su encuentro con Solón. Según Heródoto Ciro le perdonó a Creso la vida ya que reflexionó sobre el futuro de su propio destino.

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