Por qué no soy epicúreo

Epicuro, el filósofo del hedonismo racional, propone una filosofía de vida basada en la moderación de los placeres. Séneca le tenía en muy alta estima, recomienda sus consejos a todo aquel que quiera controlar sus deseos aun cuando los dos pertenecen a escuelas filosóficas rivales, aun así, Séneca es lo suficientemente inteligente como para explorar el terreno del enemigo e incorporar a su propio arsenal las enseñanzas de Epicuro.

orgíaSe nos da muy mal ser felices e increíblemente bien inventarnos motivos para estar tristes, dejamos de lado nuestra felicidad y nos metemos a diario en una vorágine de atascos y prisas, pasando nuestra jornada en un trabajo insulso postergando el ser felices, deseando que nos asciendan, y que ganemos mucho dinero, o ya seré feliz más adelante, cuando me jubile. Los epicúreos decían: ¿porque postergar siempre el gozo? Arruinamos nuestro presente, lo único que tenemos.

Leer sobre los epicúreos es un placer y una delicia, ¿porque no seguir su filosofía? Yo tengo mis reservas con esta filosofía de vida por muy buenas que sean sus enseñanzas. Por un lado la evolución de esta filosofía en la actualidad es algo que no me agrada, la búsqueda de la felicidad como máxima meta en la vida, esa fijación raya la neurosis, otras versiones, en cambio fomentan la adquisición materialista, como el hedonismo ilustrado.

Pero para mi el gran problema que me genera el epicureísmo está en la naturaleza del ser humano, y le ocurre lo mismo que a los libros de autoayuda o de productividad, tienen muy buenas intenciones, han sido escritos en su mayoría por gente inteligente y son extremadamente racionales, puede ser interesante leerlos para coger algunas ideas o meditar. A los seres humanos nos encanta emitir ideas lógicas y racionales pero no disfrutamos poniéndolas en práctica, o es que alguno ha encontrado el santo grial de la creación de hábitos supuestamente beneficiosos para nosotros, cuenta una barbaridad y vamos de frustración en frustración. Lamentablemente los estudios de psicólogos como Kahneman han demostrado que no tenemos un ajuste genético para ser racionales y actuar de forma racional, eso requiere, tiempo para pensar, y pensar es tremendamente agotador, así que ¡para que! por ello, nuestro cerebro intuitivo opta por engañarnos y nos hace creer que tomamos decisiones racionales. Nuestro organismo está ajustado por defecto para la procreación, todo lo que se salga de ahí requiere un esfuerzo. Epicuro lo solucionó alejándose de la Ciudad-Estado, anuló toda influencia negativa sobre sus deseos limitando el caudal de información y materialismo y centrándose en la amistad. De momento es una opción que no contemplo, además, el acercamiento estoico para mi ha resultado mucho más práctico, Epicuro nos dice que debemos ser moderados, pero al final resultamos bipolares, como el dicho “haz lo que yo te diga pero no lo que yo haga” así que si nos gusta el chocolate debemos comerlo con moderación, tanto chocolate y azúcar pueden ser nocivos para la salud. Pero es muy fácil engañarnos a nosotros mismos y acabar comiendo chocolate a dos manos o todos los días (es muy fácil conseguirlo, en cualquier sitio venden chocolate). Los estoicos, directamente te dicen que te crees una regla, por ejemplo, si no quieres comer chocolate ni se te ocurra comprarlo, y si te lo regalan, dáselo a alguien o tíralo para no comértelo, en el fondo, sabían que moderarse es muy difícil y un poco suele llevar a un mucho, que la mejor manera de no caer en un deseo nocivo es creando una heurística, una regla fácil de seguir, que debería impedirnos caer en la tentación y por supuesto reflexionar para crear hábitos, Las heurísticas son ciegas a los razonamientos, y por lo tanto las aplica nuestro cerebro intuitivo sin hacernos pensar. Además, todos sabemos que algo de chocolate comerás.

Los estoicos eran conscientes de que tomamos decisiones gracias a las emociones y no somos ni los suficientemente fuertes ni lo suficientemente inteligentes para intentar luchar contra nuestras emociones. Practicar el epicureísmo requiere de un razonamiento que debe combatir contra nuestras emociones, la batalla está perdida antes de empezar, como mucho, razonamos a posteriori.

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