Un largo camino en la adquisición de una filosofía de vida

Soy un practicante estoico, un aprendiz, lo cual me convierte según el autor y también practicante estoico Willian B. Irvine en un excluido cultural.

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Mi cambio personal comenzó hace algo más de 6 años, no ocurrió de repente, no me desperté un día pensando en lo vacía que se encontraba mi vida sin un objetivo y que debería ser más coherente, fue un cambio progresivo que comenzó con la dieta alimenticia que sigo y que continuó a través de otras áreas de mi vida como el trabajo, la productividad, el ejercicio, el ocio o las relaciones sociales y familiares. Cada vez que escarbaba uno de estos caminos acababa leyendo a algún autor clásico que exponía sus ideas llenas de sentido común (desde mi punto de referencia, claro). Salí de mi particular laberinto para ratas y decidí empezar a pensar por mi mismo en todas y cada una de estas cuestiones y seguir una filosofía de vida distinta a la oficial con el objetivo de construirme mi propia filosofía personal.

Curiosamente el estoicismo está sufriendo un revival en este siglo XXI, últimamente está de moda, quizás yo solo siga siendo una víctima de las modas en una retorcida vuelta de tuerca del hedonismo ilustrado, pero a mi me funciona, y al final, eso es lo que cuenta.

El estoicismo es muy similar al budismo Zen, el escritor Nassin Taleb define a un estoico como un budista con mala actitud, coinciden en varios objetivos como la contemplación de la naturaleza que nos rodea o la importancia de controlar los deseos, pero las estrategias y prácticas para conseguir estos objetivos es totalmente distinta. En mi caso la práctica del estoicismo se adapta mejor a mi temperamento que la del budismo, una filosofía que siempre he encontrado muy alejada de mi forma de ser y de mi trasfondo cultural.

Lo primero que uno descubre es que los estoicos no se comportaban según la definición moderna: Fortaleza o dominio sobre la propia sensibilidad. En realidad uno de los objetivos de la escuela estoica es desterrar las emociones negativas, la sensibilidad es una de las virtudes que se potencian con la práctica estoica. Muchos de los antiguos practicantes estoicos son dignos de admiración, fueron valientes, templados, razonables y auto disciplinados, rasgos que siempre he considerado importantes.

El estoicismo nos propone como objetivo en la vida la felicidad, para ello nos plantea unas estrategias y técnicas que debemos seguir en nuestra vida diaria, la decisión de su práctica es muy personal, pero muchos de sus consejos son útiles como ocurre con los consejos de otras escuelas filosóficas y aplicables independientemente de la filosofía de vida que decidas seguir.

En este blog no voy a hablar exclusivamente de estoicismo, voy a hablar de todo aquello que crea interesante para llevar una buena vida, espero le sea de utilidad a aquellos que lo lean.

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